home

search

El anillo carmesí.

  Nymeria lo supo antes de verlo.

  El poder podía disfrazarse, cambiar de tono, crecer como tormenta nueva… pero su esencia era inconfundible.

  —Kael —susurró.

  A lo lejos, una figura atravesaba el terreno a toda velocidad, rompiendo el aire con cada paso. Cuando llegó al campo de batalla no habló, no dudó. Su pu?o descendió como veredicto.

  El impacto en el rostro de King lo lanzó a la distancia, arrancándolo del centro del combate.

  Kael cayó de rodillas tras el golpe. Había vaciado su energía en ese ataque.

  Zoliat lo reconoció de inmediato. Su expresión, endurecida por la furia, mostró un breve alivio. Eisvard levantó la mano como si solo hubieran pasado horas desde la última vez.

  Kira no pudo contenerse. Corrió y lloró de felicidad.

  Noli junto con kaelion se quedaron sin palabras, no sabia si quiera como reaccionar.

  Nymeria se acercó, le sostuvo la mejilla con suavidad… y acto seguido le dio un tirón de oreja.

  Unauthorized use: this story is on Amazon without permission from the author. Report any sightings.

  —Eso es por desaparecer —dijo con firmeza.

  En ese momento llegaron Kaisen y Noisi, jadeando. Miradas cruzadas. Tensión. Confusión. Kael hizo las presentaciones rápidas, sin ceremonia.

  No hubo tiempo para más.

  King regresó como un proyectil oscuro, atacando directo a Kael. Zoliat interceptó el golpe y la Unidad Cero entró con un contraataque inmediato. Kael se unió pese al cansancio.

  El choque fue brutal y continuo. Cinco minutos sin pausa. Energía contra energía. Voluntad contra voluntad.

  Primero cayó la Unidad Cero. Luego Kael, forzado al límite.

  Zoliat quedó solo conteniendo a King, comprando segundos con pura determinación.

  En el suelo, con la respiración ardiendo, Kael recordó algo.

  La caja.

  El regalo de aquella Navidad. El obsequio del enigmático Cross.

  —Denme tiempo —pidió.

  Se levantó y corrió.

  Llegó a su hogar en segundos que parecieron eternos. Entró, buscó, encontró la caja intacta. Dudó apenas un instante antes de abrirla.

  Dentro reposaba un anillo con un diamante carmesí. El aro parecía tejido de materia viva, como si hubiese sido formado y no forjado.

  Al colocárselo, una descarga recorrió su cuerpo. No era solo poder. Era reconocimiento.

  —Ahora lo entiendo… —murmuró.

  De vuelta en el campo de batalla, Zoliat y los demás resistían como podían. Cada intercambio los empujaba más cerca del límite.

  King avanzó para dar el golpe final… y se detuvo.

  Algo no encajaba.

  Nadie más lo percibía aún, pero él sí.

  Desde la dirección donde estaba Kael, una columna de poder carmesí se elevó al cielo como un faro prohibido. Las nubes se abrieron alrededor.

  Y sobre lo alto apareció una forma imposible.

  Un ojo.

  Gigante. Abierto. Observándolo solo a él.

  King retrocedió medio paso.

  —No… —susurró—. Ese poder no es suyo.

  Por primera vez desde su ascenso, el nuevo rey sintió incertidumbre.

Recommended Popular Novels