Aerion, un experimentado erudito de Terra, dejó una taza de café oscuro frente a Yui. El aroma intenso llenó la peque?a caba?a, mezclándose con la fragancia húmeda del musgo. El maestro entrelazó las manos y adoptó una expresión seria.
—Yui, necesito toda tu atención. Lo que estás a punto de aprender es el fundamento del mundo que te espera ahí fuera.
Se inclinó un poco, bajando la voz. —Te daré un resumen… salvo por una que otra cosita importante que deberás descubrir por ti misma. Como siempre digo: "es mejor ganar experiencia personalmente".
Yui asintió en silencio, con los ojos fijos en su maestro.
—Nos encontramos en Terra, un reino rebosante de vida. Para sobrevivir —y para que llegues lejos— debes comprender su entramado.
Las razas que conforman este mundo son muchas: humanos, elfos, enanos, gigantes, hadas del bosque, semi humanos, bestias, draconianos, demonios, archidemonios, dioses y ángeles.
Hizo una pausa, como si recordara algo distante.
—Las bestias y los dracos casi no se ven desde hace miles de a?os. La paz prolongada hizo que ninguno de ellos necesitara evolucionar a formas mayores. No he visto nunca un ángel —admitió él— pero un dios en quien confío me relató historias demasiado vívidas para ser inventadas.
— ?También conoció archidemonios? —preguntó Yui.
—No. Pero ese mismo dios aseguró que existen. Cuando rompen sus límites, se convierten en demonios superiores. Su sola mención me basta.
Aerion tomó un sorbo de su café y continuó:
—Cada raza nace con una habilidad innata, pero desarrollarla o no depende del individuo.
Enumeró con calma, como quien recita una verdad antigua:
—Dioses: habilidades únicas que ocultan a toda costa; regeneración; curación.
—Humanos: dependen de su capacidad evolutiva.
—Elfos: control de elementos naturales. En tu caso, viento y fuego.
—Enanos: creación de objetos y artefactos.
—Gigantes: pueden disminuir o aumentar su tama?o a costa de fuerza o resistencia.
—Hadas del bosque: curación y percepción ambiental.
—Semi humanos: depende del linaje, pero comúnmente evolucionan a formas bestiales.
—Bestias: cada una posee un poder único. Me enfrenté a dos… una manipulaba sombras, la otra dominaba mentes débiles.
—Draconianos: alteran el clima según su elemento; regeneración. Es la raza más poderosa de Terra. Solo vi uno en mi vida… y fue aterrador. Mi magia avanzada de agua no fue nada para él. Si llegas a encontrarte con uno solo huye, escóndete, nunca los enfrentes.
Yui tragó saliva.
Aerion dejó la taza y se volvió hacia la ventana.
—En tiempos antiguos, los dioses descendieron. No fue un cataclismo, sino una… siembra silenciosa. Una imposición de orden que, aunque parecía benévola, alteró para siempre la evolución humana.
Seleccionaron a sus “seguidores”, individuos dignos de esa conexión que se manifestaba como un aura divina, una marca en el alma como la que tu viste en el cuello de esos humanos.
— ?Cualquiera puede recibirla? —preguntó Yui.
—No. Muchos no soportan la presión espiritual. Los que sí… obtienen la capacidad de ascender de nivel, algo que quienes no tienen la marca jamás podrán hacer.
Aerion la miró con una sonrisa cómplice.
—Y probablemente te estés preguntando: "?Para qué quiero subir niveles si puedo aprender magia y ya tengo mis elemento viento y fuego?"
Yui con mucha atención.
— ?Lees mentes también, Aerion? —bromeó con una leve risa.
—No necesito leerlas para saber lo que piensas —sonrió él—. Mira, Yui… puedes aprender la magia más poderosa del mundo. Pero si tu nivel es bajo, no servirá de nada. O peor: no podrás completar su manifestación.
Se apoyó en el respaldo de su silla.
—Cuando llegues a un Gremio de Aventureros, te evaluarán con una magia llamada “Evaluación Divina”. Solo ellos pueden medir tu nivel y habilidades con precisión. Los gremios operan bajo la conexión divina del dios Calipso, el segundo en pisar estas tierras.
Yui escuchaba hipnotizada.
—La magia en Terra es variada. Pero la mayoría requiere recitar encantamientos, lo que llamamos magia avanzada. Quienes tienen mayor nivel pueden acortar sus cantos o incluso prescindir de ellos.
Respiró hondo.
—Este mundo no es como Eldoria, donde la vida fluía con calma. Aquí afuera, en ciudades con torres inmensas, uno debe luchar cada día para sobrevivir y elevar su estatus. El gremio será tu primer guía. Ellos te explicarán con claridad… aunque la experiencia real será siempre tu mejor maestra.
—En los distintos reinos se utiliza el mismo sistema —comenzó Aerion, acomodando unos pergaminos mientras hablaba—, pero los objetos y los hechizos varían según su nivel. Hay una variedad inmensa de artefactos que puedes equiparte para mejorar tus estadísticas. Algunos son raros y cuestan una fortuna; otros poseen habilidades desconocidas. Incluso existen objetos que, al ser creados con ciertos materiales, otorgan efectos secundarios inesperados.
Hizo una pausa, sonriendo con cierta autoconciencia.
—Aunque… mejor no me detengo demasiado en ese tema, me emociono y me voy por las ramas. En fin, tu maestro —se se?aló a sí mismo con un gesto exagerado— se dedica a investigar este tipo de mundos.
(Después, con tus medidas, te prepararé un equipo adecuado para que empieces tu viaje de manera segura).
Yui entreabrió los labios para preguntar algo, pero Aerion la miró con seriedad repentina.
—Yui… sé que en tu cabeza solo hay espacio para el odio y la venganza —dijo con un tono suave, aunque firme—. No estoy de acuerdo con ese camino, pero también sé que es tu vida. Y la vas a seguir como creas necesario. Por eso debo decírtelo claramente: si quieres mejorar, si quieres alcanzar un gran poder… necesitarás ser aprobada por un dios.
Ella no respondió. Solo bajó la mirada un instante y luego asintió. Era una verdad que ya conocía, pero oírla en voz alta volvía todo mucho más real.
—Bien —continuó Aerion—. Por último, te haré un resumen rápido de las ciudades y las torres.
Se recostó en la silla, pensativo.
—Hay muchas aldeas y ciudades. En la que fui aventurero se llama Urano. Es bastante grande, dividida por sectores, y allí habita una gran cantidad de dioses. Te recomiendo que, cuando comiences tu viaje, te dirijas hacia ese lugar. Aprenderás mucho.
Además —a?adió con una sonrisa— tengo un amigo gigante y su esposa; seguramente te recibirán con gusto como huésped. En Urano podrás adquirir todo el conocimiento que desees… siempre y cuando decidas quedarte el tiempo necesario.
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Yui lo observó con atención antes de preguntar, sin titubeos:
—Maestro… tú llegaste muy lejos. ?Quién fue tu dios guía?
Aerion tardó un momento en responder, como si el recuerdo le provocara una mezcla de nostalgia y solemnidad.
—Mi diosa Amaterasu fue quien me convirtió en lo que soy —respondió finalmente, en un tono calmo y respetuoso—. Regresó al cielo por decisión propia, sin decir cuándo volvería. Pero su marca divina… esa que ayuda a progresar a quienes aceptó bajo sus alas… sigue guiándonos incluso ahora. Dijo con una cara angustiada
Luego respiró hondo, como preparando el último tema.
—Por último, hablemos de las torres, o laberintos. Algunos dicen que siempre estuvieron aquí; otros creen que eran peque?as dimensiones que se fusionaron con este mundo. Nadie lo sabe con certeza. Cada piso representa una dificultad distinta, y por fortuna siempre van de lo más básico a lo más peligroso —al menos, así deberían—.
Allí encontrarás monstruos que jamás has visto, especies únicas que solo buscan defender su hogar… pero que parecen no tener fin. El núcleo de la torre y los objetos que pueden otorgar son lo realmente valioso.
Se inclinó hacia adelante, con expresión seria.
—En resumen, es como la mina que tenían en Eldoria, pero aquí los riesgos aumentan drásticamente según el piso.
Hay un rumor que nunca quise comprobar —confesó—: que las torres se conectan entre sí a determinado nivel. Nadie lo ha intentado, porque esos pisos son extremadamente peligrosos. Para siquiera acercarse a ellos, los aventureros necesitan una gran experiencia, objetos que los protejan de cualquier eventualidad, comida, agua… y un grupo numeroso.
Aerion se incorporó de nuevo, cansado.
—Y bueno… detengámonos aquí. El mundo es demasiado vasto como para explicarlo todo en un solo día. Además —esbozó una sonrisa ligera— son cosas que deberás aprender por ti misma.
Yui, llena de emoción y sabiendo que nada de aquello podía detenerla, agradeció al mago con una reverencia y se retiró.
Mientras avanzaba hacia la casa Heart, una sombra entre los árboles la siguió con ojos silenciosos, oculta en la espesura del bosque.
A la ma?ana siguiente, antes incluso de que el sol terminara de elevarse, Aerion golpeó suavemente la puerta de la casa Heart.
—Yui —llamó con voz tranquila—. Hoy empezaremos oficialmente tu entrenamiento elemental. Sígueme.
Ella salió con rapidez, aún ajustando su bota. No dijo nada, pero la determinación ardía en sus ojos como un brasero oculto. Aerion la guió hacia un bosque apartado, uno más profundo y silencioso que el que había usado para sus prácticas iniciales. Las hojas se mecían apenas con una brisa suave, pero había algo en el ambiente… algo expectante.
Y algo —no muy lejos— que los observaba desde la penumbra de los árboles.
Cuando llegaron a un claro natural, Aerion se colocó frente a ella.
—Bien, Yui. Hoy aprenderás cuatro fundamentos de tu estilo viento. Sin dominio de estas bases, el resto sería imposible.
Levantó una mano y un soplo de aire giró a su alrededor, como un remolino obediente.
—Primero ejercicio: el escudo básico de viento. Necesitarás esto para sobrevivir incluso a los ataques más simples.
— ?Un escudo? —preguntó Yui, inclinando la cabeza.
—Uno peque?o, pero sólido. Piensa en ello como comprimir el viento para que forme una barrera que repela impactos físicos y proyectiles menores.
Aerion dio un paso atrás.
—Cierra los ojos. Inhala despacio. Visualiza el aire girando alrededor de ti… y ordénale que te proteja.
Yui apretó los pu?os, concentrándose. Su respiración se acompasó y, al cabo de unos segundos, un tambaleo de brisa comenzó a girar a su alrededor… inestable, chispeante, como si quisiera disiparse.
Un golpe seco resonó: Aerion había lanzado una peque?a piedra con magia cinética.
— ??Eh!? —Yui abrió los ojos justo cuando el viento se compactó lo suficiente como para desviar el proyectil.
—Nada mal para un primer intento, algo uniforme pero es aceptable —comentó Aerion con una sonrisa leve—. Pero puede ser mejor. Mucho mejor.
Desde el bosque, la sombra inclinó la cabeza, observando la escena con interés silencioso.
—Segundo ejercicio: Vamos con algo un poco más ofensivo —dijo Aerion. Levantó una mano y una esfera de energía Azul, luminosa y vibrante, se formó sobre su palma—Esto es una bola de agua concentrada mezclada con aura comprimida en un punto. Puede ser leve… o devastadora. Depende de tu control.
— ?Y cómo la creo? —preguntó Yui.
—Visualiza una semilla. Una que crece en la palma de tu mano. La energía esmeralda es tu aura; el viento es la forma que la sostiene. Fusiónalos.
Yui extendió la mano. Tembló. Una chispa apareció… luego otra… luego un leve resplandor esmeralda que parpadeaba como una luciérnaga malhumorada.
—Vamos, peque?a —murmuró Yui—. No explotes, solo coopera…
La luz tomó forma finalmente, convirtiéndose en una esfera inestable.
— ?Eso! —Exclamó Aerion, sorprendido por su rapidez—. Ahora lánzala al tronco de ese árbol.
Yui lo hizo. La esfera salió disparada y explotó contra la corteza con un estallido de viento que sacudió las ramas cercanas. Un impacto débil pero eficiente
—No está mal —dijo Aerion—. Aunque casi te estalla en la mano.
—Lo noté —rió ella nerviosamente.
Entre los árboles, la sombra dio un paso hacia adelante… y luego se detuvo.
—Tercer ejercicio: Este ejercicio es uno de los más importantes —dijo Aerion, volviéndose serio—. El viento lleva información. Vibraciones, cambios de presión, movimientos imperceptibles. Puedes usarlo para sentir a quien te rodea, no solo eso sino que nuestras orejas nos hacen ser mucho mas perceptivos que otras razas.
— ?Como… leer la brisa? —preguntó Yui.
—Exactamente. Cierra los ojos, concentra tu aura deja que este viento cálido se fusione y déjala hablarte.
Yui respiró hondo y se concentró. Al principio… nada. Solo el murmullo de las hojas. Luego, muy lentamente, una sensación extra?a: como un latido lejano, una presencia apenas perceptible.
Abrió los ojos súbitamente.
—Hay… algo en el bosque. ?Una persona? ?Un animal?
Aerion entrecerró los ojos, sorprendido.
—No esperaba que lo percibieras tan rápido. Pero no te preocupes —mintió con un tono demasiado suave—. Probablemente solo un venado.
Pero no era un venado.
La sombra retrocedió entre los árboles, moviéndose sin emitir sonido alguno.
—Diría que me sorprende tu habilidad pero ya habías demostrado signos de haberla despertado, solo hacía falta combinarla junto a tu aura. Ajústala y podrás detectar gracias a tu elemento viento quien invade tu zona segura—
—Cuarto ejercicio: Es una técnica especial —explicó Aerion—. Una habilidad para momentos críticos. No te salvará la vida por sí sola, pero te dará la oportunidad de escapar.
Yui se tensó.
— ?Cómo funciona?
—Usarás el viento para desvanecerte de la línea de ataque. No teletransportarte. No desaparecer. Es más simple: te impulsas con tal fuerza y precisión que tu cuerpo se convierte en una ráfaga momentánea.
Lo llamo Paso veloz.
Aerion se cubre con su aura azulada. Se crea agua alrededor de sus pies y el camino al que se desplaza lo hace moverse mas rápido en segundos.
— ?Quiero aprender eso! —exclamó Yui con los ojos brillando.
—Lo harás, pero calma. Inténtalo primero sin potencia. Solo siente cómo el viento quiere moverte y… déjalo.
Yui se inclinó, preparándose. El aire alrededor de sus pies giró, el viento derriba a la elfa, vuelve a intentarlo traes caer en varias ocasiones
Aerion se?aló un punto marcado en la tierra.
—Toma posición. Siente la brisa en tu cuerpo. Intenta que tu aura… se funda con ella. No que la empuje. Que se vuelva parte del flujo.
Yui cerró los ojos y dejó escapar un suspiro largo. El viento rodeó su cuerpo nuevamente como un murmullo inquieto. Intentó moverse.
Una explosión abrupta de aire la lanzó hacia adelante… y rodó por el suelo.
— ?Agh! —gru?ó, golpeando el suelo.
—Demasiado impulso. Estás imponiéndote al viento. Dale dirección, no órdenes.
Volvió a intentarlo. Una, dos, cinco veces.
En una de ellas el viento la arrojó hacia un costado y casi choca contra un tronco.
En otra, la corriente se disipó a mitad del movimiento, haciéndola caer de bruces.
En la décima, un estallido esmeralda la envolvió, pero la desbalanceó tanto que terminó de espaldas.
—Esto es… imposible —resopló, respirando con dificultad.
—Es difícil. No imposible. —Aerion se arrodilló frente a ella—. Estás intentando controlar el viento… cuando deberías dejar que este te lea a ti.
— ?Leerme?
—El viento es movimiento puro. Si tu corazón late con frustración, él lo siente. Si lo empujas con rabia, te responde con violencia. Si dudas, se detiene. El Paso veloz no sigue tus órdenes; sigue tu intención.
Yui cerró los ojos. Respiró hondo.
Uno…
Dos…
Tres…
El viento se suavizó, como si dejara de resistirse.
Ella dio un peque?o paso… apenas un impulso…
Y se deslizó un metro, envuelta en un destello tenue. No rápido. No perfecto. Pero fluido.
— ?Eso! —exclamó Aerion con alivio sincero—. No recorriste gran distancia… pero por primera vez no te caíste.
Yui sonrió entre jadeos.
—Lo haré mejor.
—Lo harás. Pero con tiempo. Esta técnica no se domina en un día —advirtió el elfo—. Y menos cuando alguien te observa.
Yui se tensó inmediatamente.
— ?La misma presencia…?
—Sí —respondió Aerion, sin apartar la mirada del bosque—. Tu sensor no falló. Sigue ahí. Y ahora sabe que estás entrenando algo importante.
En la línea oscura entre los árboles, la sombra retrocedió apenas… como si midiera la distancia, evaluando, esperando.
Yui sintió un escalofrío que no venía del viento.

