Yui se quedó un segundo mirando el lugar donde había estado su escudo, como si aún pudiera sentirlo ahí… y de pronto explotó.
—??LO LOGRé!! —saltó en el aire, girando sobre sí misma—. ?Lo logré de verdad! ?Quiero probar nuevos ataques, combinarlo con el remolino, quizás hacer una hoja de viento en espiral, o una ráfaga en arco, o—!
Ya estaba caminando en círculos, hablando sola, gesticulando con la espada de madera como si estuviera en medio de una batalla imaginaria.
— ?Si sigo así, ma?ana mismo puedo ir al laberinto y—!
PLOP.
Una mano gigante se posó sobre su cabeza y la detuvo en seco.
— ?A qué te refieres con ir al laberinto ahora? —dijo la voz de Indora, completamente seria… y peligrosamente calmada.
Yui parpadeó.
— ?Eh?
Kilia asomó por detrás, con una sonrisa traviesa.
—Y eso que fuimos ayer.
Yui los miró a los tres, completamente perdida.
— ?Eeeh?
Soren cruzó los brazos, suspirando.
—Tienes una entrega de medallas en el parque principal. Es obligatoria. Todos los involucrados en la solución al problema de esclavos tienen que estar presentes para recibir una mención honorífica.
El rostro de Yui se desmoronó.
— ??Quééé!? —sus ojos se llenaron de lágrimas exageradas—. ?Nooo, Soren, por favor! ?Déjame faltar! ?Tengo que practicar, tengo que entrenar, tengo que—!
Giró la cabeza desesperada hacia Indora.
—Indora, dime que puedo faltar…
Indora sonrió… y negó lentamente.
—Si yo tengo que ir, tú tampoco te salvas.
— ?Noooo! —Yui cayó de rodillas de forma dramática.
Kilia se acercó y le dio una palmadita en el hombro.
—Vamos, Yui. Vuelve a los aposentos de la diosa, descansa un poco. Ma?ana será un día largo.
Cuando regresaron a la mansión de Mora, la escena era exactamente la misma que antes.
Nerfex seguía hecho una estatua de pura melancolía en el mismo lugar.
Yui pasó a su lado… lo miró… dio dos pasos… y luego regresó.
—Nerfex —dijo con una sonrisa suave—. El entrenamiento fue un éxito. Y… gracias por ser tan atento conmigo hoy.
Los ojos de Nerfex se abrieron como platos.
— ?E-eh…? ?D-de verdad?
Toda su aura depresiva se evaporó al instante.
— ?S-sí, claro! ?Me alegra muchísimo escucharlo!
Ambos entraron, y la mansión estaba llena de peque?as escenas cotidianas: algunos leyendo, otros hablando en voz baja, otros descansando… hasta que—
— ?YUI!
Risa se lanzó sobre ella y la abrazó con tanta fuerza que casi la derriba.
— ?Te extra?é! ?La próxima tenemos que tener una salida de chicas! ?Nosotras dos! ?Nada de Nerfex!
Yui rió.
— ?Sí! ?Me encantaría salir contigo!
Morgana apareció desde un costado, con una sonrisa pícara.
—Espero que también sea una cita, como la que tuvo Nerfex.
Risa se congeló.
— ?…Cita?
Miró a Yui lentamente.
— ?Yui…?
— ?Sí! —Respondió ella, inocente—. ?Yo también tendré una cita contigo!
Risa parpadeó… y luego sonrió con una mezcla de ternura y diversión.
—Ah… ya entiendo. Tú no sabes nada de estas cosas, ?verdad?
Yui ladeó la cabeza.
— ?De qué cosas?
Risa le tomó la mano.
—Después te explicaré. Cosas de chicas.
Yui asintió, sin saber exactamente a qué se refería.
—Por ahora —dijo Risa—, vamos a las aguas termales.
El vapor cálido envolvió a Yui apenas entró.
Era la primera vez que estaba en un lugar así.
El agua era suave, reconfortante, y parecía quitarle el peso del cuerpo y del alma.
—Aaaah… —suspiró Yui, hundiéndose un poco—. Esto es… increíble…
Risa se acomodó detrás de ella y comenzó a masajearle los hombros.
— ?Ves? Hay muchas cosas por disfrutar aún. Para mí, nada supera un buen ba?o termal después de un día largo.
Yui cerró los ojos, completamente relajada.
—…Tienes razón… —murmuró, con una sonrisa tranquila.
El vapor seguía flotando suave sobre el agua, envolviendo los cuerpos como un velo tibio. Yui y Risa estaban tan relajadas que por un momento el mundo exterior parecía no existir… hasta que una a una las demás chicas comenzaron a entrar al sector termal.
El sonido del agua moviéndose, risas suaves y pasos descalzos llenó el ambiente.
—Ahh… esto se siente genial —dijo Mina, hundiéndose hasta los hombros.
—Nada mejor después de un día así —agregó Athena, estirando los brazos con elegancia.
Risa sonrió al verlas.
—Justo estábamos hablando de lo mismo.
Morgana se acomodó cerca del borde, mojándose apenas los pies.
—Y también de ma?ana.
Eso hizo que Yui, que estaba casi dormida, abriera un ojo.
— ?Ma?ana…?
—La entrega de medallas —dijo Mina—. El parque principal va a estar lleno.
—Sí, todos los involucrados en lo de Akron van a recibir reconocimiento público —a?adió Athena—. Gremios, civiles, comerciantes… será un evento grande.
Yui abrió los ojos por completo.
— ?Mucha… gente?
Su voz salió peque?a, casi temblorosa.
— ?Pero por qué? —preguntó—. ?No iba a ser algo peque?o organizado por el gremio?
Athena la miró y sonrió con malicia.
—Mira nada más —dijo en tono burlón—. Nuestra gran estratega puede enfrentarse a una horda de monstruos… pero no a una multitud coreando su nombre.
— ?Athena! —protestó Yui, sonrojándose—. ?No es lo mismo!
Mina comenzó a reír.
—Vamos, Yui, no te preocupes tanto. Solo será un rato. Te darán tu medalla, dirás unas palabras si acaso, y listo.
—Y luego podrás volver a esconderte —agregó Morgana con una sonrisa tranquila.
Yui se hundió un poco más en el agua, como si quisiera desaparecer.
—No me gusta que me miren…
Risa se acercó y le dio un peque?o empujón con el hombro.
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—Pero ma?ana todos te van a mirar con respeto. Eso no es algo malo.
Yui la miró, aún nerviosa… pero un poco reconfortada.
La charla siguió, saltando de un tema a otro: bromas, recuerdos del laberinto, quién estaba más nerviosa, quién más emocionada. El tiempo pasó sin que lo notaran, envueltas en risas y vapor.
Hasta que, una por una, comenzaron a salir del agua.
Mora regresó a la mansión cuando la noche ya había terminado de caer, el cielo te?ido de azules profundos y estrellas tímidas. Traía consigo varias bolsas de comida cuidadosamente acomodadas, cada una marcada con peque?os detalles que delataban que no había sido una compra al azar: especias suaves para quienes preferían sabores delicados, carnes bien condimentadas para los más enérgicos, y platos livianos para quienes cerraban el día con cansancio en el cuerpo.
La cena transcurrió tranquila. No hubo grandes conversaciones ni bromas exageradas, solo ese silencio cómodo que nace cuando un grupo comparte algo más que palabras. El cansancio del día pesaba, pero no era un peso desagradable: era la clase de agotamiento que confirma que algo valioso había ocurrido.
Cuando terminaron de comer y algunos comenzaron a levantarse para retirarse, Mora se acercó a Yui con un gesto suave de la mano.
—Antes de que descanses… ?me das un momento?
Se apartaron apenas del resto, hacia uno de los pasillos laterales de la mansión, donde la luz de las lámparas mágicas era más tenue. Mora habló en voz baja, sin dramatismo, pero con una seriedad que Yui ya había aprendido a reconocer.
Le contó sobre la charla que había tenido con ambos domadores. Ninguno sabía nada concreto, nada que pudiera se?alarse como una amenaza clara. Sin embargo, algo había llamado su atención: ciertos grupos, criaturas y comunidades que siempre habían actuado de una forma específica, casi predecible, comenzaron a cambiar su comportamiento de manera repentina. Patrullas que evitaban zonas que antes controlaban, bestias que se desplazaban en números mayores, movimientos torpes, erráticos.
Al principio pensaron que se trataba de otro domador invadiendo territorios ajenos. Era lo más lógico. Pero tras investigar, no encontraron rastro alguno. Sin se?ales de control directo, sin marcas, sin contratos. Solo actos que terminaron siendo catalogados como vandalismo o conflictos menores… aunque cada vez más frecuentes, cada vez más numerosos.
—Descartaron la posibilidad más peligrosa —admitió Mora—. La posibilidad de que un dios estuviera involucrado, ya no estaríamos hablando de simples anomalías.
Era la única información que pudo obtener.
Mora apoyó una mano en el hombro de Yui con suavidad.
—Por ahora, relájate. En la reunión, seguro surjan más pistas. Nosotros los dioses encontraremos las respuestas
Yui asintió. No había decepción en su rostro, solo gratitud.
—Gracias por tomarte el tiempo —dijo con sinceridad y una sonrisa tranquila—.
Mora sonrió apenas, y la dejó ir.
La noche avanzó sin sobresaltos. Las chicas se reunieron en una de las habitaciones comunes antes de retirarse definitivamente. El ambiente era distinto al del entrenamiento: más íntimo, más humano. Risa hablaba sin parar, Athena escuchaba recostada contra un almohadón, Mina jugueteaba con una hebra de su cabello mientras comentaba lo nerviosa que estaba por la ceremonia.
Yui se sentó en silencio, escuchándolas.
Pensaba en el entrenamiento con Indora y Soren, en la sensación de la espada vibrando con su aura, en el poder que había despertado y en el control que aún le faltaba. Pensaba en la condecoración del día siguiente, en la idea de tanta gente mirándola, coreando un nombre que todavía no sentía completamente suyo. Pensaba en el laberinto, en lo que vendría después, en ese futuro que parecía abrirse frente a ella como un camino demasiado amplio.
Cuando finalmente se recostó, el techo de la habitación le devolvió una imagen borrosa de luces mágicas y sombras suaves. Cerró los ojos con una respiración lenta.
Había crecido mucho en poco tiempo.
Pero Terra todavía guardaba secretos que ni siquiera sabía que debía temer.
La noche la envolvió con cuidado.
Y el mundo, silencioso, siguió girando.
El sol de Akron se alzaba alto y claro, ba?ando el parque principal con una luz dorada que hacía brillar los estandartes del gremio y las decoraciones mágicas suspendidas en el aire. El lugar estaba irreconocible: caminos adornados con flores elementales, plataformas flotantes, y una multitud que crecía a cada minuto.
Yui se quedó inmóvil apenas cruzaron el límite del parque.
—…mucha gente —murmuró, con los ojos abiertos de par en par.
Athena la miró de reojo con una sonrisa ladeada.
—Respira. No es un ejército enemigo… aunque hacen más ruido.
La multitud murmuraba con expectativa. Algunos reconocían rostros, otros solo sabían que algo importante iba a suceder. Nombres comenzaban a circular de boca en boca, deformándose, exagerándose.
— ?Esa no es la chica del laberinto?
—Dicen que cortó una serpiente gigante…
—No, no, dicen que voló medio piso…
Yui se encogía un poco más con cada comentario.
Cuando el reloj arcano del parque emitió un pulso grave, el murmullo cesó. Una figura descendió lentamente desde lo alto de la plataforma central, envuelta en una luz serena pero imponente.
Mora.
Vestía una túnica ceremonial distinta a la habitual, bordada con símbolos antiguos que pocos reconocían. Al tocar el suelo, el silencio fue absoluto.
—Ciudadanos de Akron —comenzó, su voz amplificada por magia—. Hoy no celebramos una victoria. Celebramos decisiones.
Algunos se miraron confundidos.
—Decisiones de avanzar cuando retroceder era más seguro. Decisiones de proteger cuando huir era más fácil. Y decisiones… —hizo una pausa breve—…de no dejar que Akron se sumerja en la oscuridad
La atención se volvió total.
Mora extendió una mano hacia el grupo.
—Este equipo, que hoy ven aquí, no es especial porque haya sobrevivido. Es especial porque se enfrentó a un peligro desconocido para que esta ciudad tenga amaneceres, tardes y noches preciosas,
Un aplauso estalló.
Yui sintió un nudo en la garganta.
Entonces Mora sonrió. Y quienes la conocían supieron que venía algo distinto.
—Además —continuó—, quisiera destacar que, pese a mis claras y detalladas indicaciones…
Yui sintió un mal presentimiento.
—…este grupo logró cumplir las expectativas sin seguir al pie de la letra un simple plan
La multitud rió.
Risa se inclinó hacia Yui.
—Creo que habla de ti.
— ?Claro que no, habla de ti! —susurró Yui, totalmente nerviosa.
Mora prosiguió, ahora con tono más cálido.
—Pero incluso así, demostraron algo que no se puede entrenar: confianza. En sí mismos… y entre ellos.
Las medallas flotaron desde un cofre ceremonial, una por una, posándose frente a cada integrante.
Cuando la de Yui se acercó, la multitud comenzó a murmurar su nombre. Primero tímido. Luego más fuerte.
—Yui…
—Yui…
— ?Yui!
Ella dio un paso atrás por reflejo.
Mora se toma la cara riéndose.
—Y por favor… no la asusten. Se pone nerviosa ante una multitud pero no ante un enfrentamiento contra el jefe del gremio.
Estalló la risa general.
Yui, roja hasta las orejas, terminó aceptando la medalla. Cuando esta tocó su pecho, una leve vibración recorrió su cuerpo. No era poder. Era reconocimiento.
Y entre la multitud…
Alguien la observaba.
No con admiración.
No con hostilidad.
Con interés.
El parque comenzó a vaciarse lentamente. Las luces mágicas se apagaban una a una, y los estandartes descendían con suavidad, como si la ciudad misma exhalara después del evento.
El grupo se alejó del centro sin decir demasiado. No era incomodidad; era cansancio bien ganado.
Yui caminaba con la medalla aún colgando. La tocaba de vez en cuando, como asegurándose de que seguía ahí. Sonreía muy contenta
—No estuvo tan mal —dijo finalmente Athena, rompiendo el silencio.
—Mientes —respondió Mina—. Disfrutaste cada segundo
Yui bajó la mirada.
—Pensé que me iba a desmayarme…
Todos volverían a la mansión para preparar su rutina de ma?ana pero…
Esa misma tarde Yui terminó de ajustar su equipo. Revisó la espada, el inventario y las pociones básicas. Todo estaba en orden.
Morgana fue la primera en acercarse.
—Podemos acompa?arte hasta la entrada —dijo—. O entrar contigo, aunque sea los primeros pisos.
Yui negó con la cabeza.
—No. Esta misión… tengo que hacerla sola.
Hubo un breve silencio. Nadie insistió de inmediato.
—Entonces, al menos —intervino Athena—, asegúrate de pedir toda la información posible antes de entrar. No improvises allí dentro.
Yui asintió con una sonrisa tranquila.
—Lo haré.
Nerfex cruzó los brazos.
—Usa bien el inventario. No cargues de más y no gastes recursos sin necesidad.
—Y controla el ritmo —agregó Mina—. No es una carrera.
Risa le deseó buena suerte mientras la abrazaba entre algunas lágrimas que no podía aguantar el dejar caer.
Mora fue la última en hablar.
—Regresa con vida —dijo—. Eso es lo único que importa.
Yui sostuvo su mirada y asintió.
Antes de dirigirse al laberinto, pasó por el gremio. El lugar estaba lleno de aventureros hablando en voz alta, comparando logros y planes. Yui se acercó al mostrador y pidió información sobre los pisos que planeaba recorrer. Le entregaron un libro guía, con mapas básicos y descripciones generales de los enemigos conocidos.
—No está completo —le advirtió la encargada—. Solo tiene información hasta el último piso que logró llego un grupo, se actualiza mientras más pisos sean aventurados.
—Lo entiendo.
Guardó el libro en su inventario.
Mientras se alejaba, notó a un aventurero apoyado contra una columna. No vestía una armadura llamativa ni portaba armas visibles. Aun así, su atención estaba fija en el mostrador… y en ella.
Ese mismo hombre se acercó luego a la encargada.
—Busco información sobre los tipos de plantas dentro del laberinto —dijo—. Plantas raras, hongos, raíces.
—Hay muy pocos registros —respondieron—. No suele ser una prioridad para los aventureros.
—Otra pérdida de tiempo —murmuró el hombre antes de marcharse.
El gremio no le había ofrecido respuestas, y la ciudad parecía girar en torno a logros visibles, no a conocimientos útiles. Con esa impresión, tomó rumbo hacia una taberna cercana, conocida por ser punto de encuentro de aventureros de alto rango. El lugar estaba lleno. Armaduras reforzadas, armas bien cuidadas y risas fuertes ocupaban cada rincón.
El hombre se acercó a la barra con calma.
—Busco información sobre el laberinto —dijo—. En especial, plantas poco comunes. Raíces, hongos, cualquier cosa relacionada.
Las conversaciones cercanas se apagaron solo un instante… y luego estallaron en risas.
— ?Plantas en el laberinto? —Repitió uno de los aventureros—. Este no sabe dónde está parado.
—Sin insignias, sin rango, y preguntando por flores —a?adió otro—. Buen chiste.
El hombre no respondió. Esperó.
Uno de los aventureros, con una cicatriz visible en el rostro, levantó su jarra.
—Si quieres información, paga unas rondas —dijo con tono burlón—. Tal vez alguien se acuerde de algo.
El hombre observó la taberna. El ruido, el alcohol, las miradas cargadas de superioridad.
—Ya veo —respondió con voz neutra—. Aquí tampoco hay información.
Se dio la vuelta y comenzó a alejarse de la barra.
Antes de llegar a la salida, un aventurero se plantó frente a él. Otro cerró el paso desde la puerta.
— ?A dónde crees que vas? —Dijo el de la entrada—. Paga unas rondas antes de marcharte.
El ambiente se tensó. Varias manos fueron a parar a empu?aduras y cinturones. El hombre se detuvo. No suspiró. No mostró molestia.
—No vine a perder tiempo —dijo simplemente.
No hubo advertencia.
Un aventurero que estaba a punto de entrar a la taberna se quedó inmóvil al escuchar un estruendo seco. La puerta tembló. El suelo vibró bajo sus pies.
Cuando logró asomarse, la escena era caótica.
Mesas partidas, jarras rotas, el aire cargado de polvo y madera. Un grupo numeroso de aventureros yacía en el suelo, inconscientes o demasiado aturdidos para levantarse. Ninguno parecía gravemente herido… pero todos habían sido derrotados.
No había visto el combate.
No había escuchado gritos.
Solo el resultado.
El hombre misterioso salía del lugar con paso tranquilo. El aventurero giró la cabeza para seguirlo con la mirada, pero al mirar hacia donde se dirigía…
No había nadie.
Como si esa presencia nunca hubiera estado allí.
Horas después, Yui se detuvo frente a la entrada del laberinto. La estructura se alzaba imponente
Antes de cruzarla, escuchó una voz conocida.
— ?Yui?
Kilia estaba allí, con su uniforme del gremio.
— ?Vas a entrar?
—Sí.
— ?Actualizaste tus estadísticas con la diosa Mora después del último laberinto?
—No —respondió Yui—. Aún no formo parte de su círculo de manera oficial.
—Podrías hacerlo en las oficinas del gremio antes de entrar —sugirió Kilia—. Es lo más recomendable.
Yui negó suavemente.
—No quiero perder más tiempo. Tengo muchas ganas de entrar.
Kilia la miró con sorpresa. Dudó un momento y luego sacó dos frascos de su bolso.
—Toma. Una poción para recuperar aura y otra para curar heridas. Las vas a necesitar.
—Gracias —dijo Yui con sinceridad.
Antes de entrar Kilia le pide que dejara la licencia de gremio allí ya que si esta desaparece es porque el laberinto pudo contra Yui pero si vuelve por ella es un gran triunfo de un aventurero
—Nos vemos ma?ana —a?adió Kilia, casi por costumbre.
—No sé cuándo voy a salir —respondió Yui con naturalidad.
Kilia se quedó inmóvil por un segundo.
— ?Qué…? Bueno… solo… no te adentres demasiado —dijo apresurada—. Tómalo con calma.
En su mente, pensó que Yui llegaría como mucho al quinto piso y regresaría.
Yui se despidió con un gesto y cruzó la puerta.
El primer piso del laberinto la recibió con un aire pesado y silencioso. El camino se extendía frente a ella, desconocido pero firme.
No entraba solo por una misión.
Entraba para hacerse más fuerte.
La puerta se cerró detrás de ella.

