home

search

Capitulo 21: El laberinto de Akron

  Piso Uno – Huesos que caminan

  El primer piso del laberinto no recibió a Yui con violencia, sino con una quietud incómoda.

  El entorno era rocoso, con paredes irregulares cubiertas de vetas minerales opacas. El suelo estaba formado por placas de piedra erosionada, como si el lugar hubiera sido moldeado por siglos de tránsito invisible. No había musgo ni vegetación; solo polvo, grietas y un aire seco que raspaba la garganta al inhalar.

  Yui avanzó con paso firme, sin apuro.

  Su respiración estaba controlada, su postura relajada, pero alerta.

  —Bien… —dijo—. Empezamos.

  No tardó en escuchar el primer sonido: un chasquido seco, seguido de otro.

  Desde una bifurcación lateral, una figura emergió tambaleante. Luego otra. Y otra más.

  Esqueletos.

  No llevaban armaduras completas, apenas restos oxidados y armas simples: espadas cortas, lanzas maltratadas. Sus movimientos eran torpes, pero constantes.

  Yui no desenvainó de inmediato.

  Extendió ligeramente la mano izquierda, y una capa fina de aura recorrió su cuerpo como si ajustara músculos invisibles. Para ella, activar habilidades no era “usarlas”, sino permitir que su cuerpo funcionara de otra forma.

  Cuando el primer esqueleto atacó, Yui ya estaba en movimiento.

  Giró el torso, esquivó el golpe y respondió con un corte limpio al cuello. La espada atravesó las vértebras secas, y el cuerpo colapsó en fragmentos.

  La elfa ni siquiera tomó un descanso, sin tocar el suelo continuidad con el ataque

  Los siguientes cayeron de forma similar. Yui medía distancias, aprovechaba ángulos, usaba el entorno. Una patada contra la rodilla, un empujón contra la pared, un giro corto para evitar rodeos.

  Cuando el último cayó, el silencio volvió.

  Yui se agachó y recogió los núcleos que habían quedado una recompensa básica del piso uno. Los guardó en su inventario sin mirar.

  —Nada complicado… pero a no subestimar —pensó.

  Siguió avanzando.

  Se abrió paso utilizando solo la espada de forma normal y sin utilizar su elemento, solo con aura a su alrededor.

  El segundo piso era más amplio

  —La guía dice que cada monstruo de pisos inferiores se suma al siguiente pero no necesariamente aparecen, será más divertido si es de esa forma—dijo seriamente

  Las paredes seguían siendo rocosas, pero el suelo tenía desniveles, colinas peque?as y zonas abiertas que simulaban un valle subterráneo.

  Un ruido grave, como respiraciones fuertes mezcladas con pasos pesados.

  Los jabalíes del laberinto emergieron desde detrás de una formación de piedra. Eran grandes, con colmillos afilados como cuchillas, cubiertos por una piel endurecida por energía del lugar.

  —Carga frontal… —analizó Yui.

  El primero embistió sin advertencia.

  Yui no retrocedió.

  Flexionó las piernas y canalizó fuerza en el instante exacto. Saltó hacia un costado, apoyó un pie sobre el lomo del animal y usó el impulso para girar en el aire. Su espada descendió con precisión, cortando detrás de la oreja, el punto más vulnerable.

  El jabalí cayó.

  El segundo fue más cauteloso. Giraba alrededor, buscando abrir espacio.

  Yui sonrió apenas.

  Corrió hacia él.

  El animal dudó una fracción de segundo, y eso fue suficiente. Un golpe directo al hocico lo desorientó. Luego, un corte profundo al cuello.

  Cuando todo terminó, Yui respiró hondo.

  Había sudor en su frente, pero su ritmo seguía estable.

  Recogió los núcleos de las bestias más un colmillo reforzado. Todo fue almacenado.

  Yui giró la cabeza lista para enfrentar la siguiente horda, ella seguía solo utilizando aura en su cuerpo.

  —Aún son pisos leves—pensó—. Sigamos.

  El tercer piso era distinto.

  No había espacios abiertos.

  Era un entramado de pasillos rocosos, con curvas cerradas y zonas oscuras. El sonido viajaba mal. El eco confundía.

  Yui avanzó con la espada baja.

  Entonces lo sintió.

  Un cambio en el aire.

  Un desplazamiento casi imperceptible.

  Los lobos del laberinto no atacaban de frente.

  El primero saltó desde un saliente alto. Yui reaccionó por reflejo, bloqueando con el antebrazo reforzado por aura. El impacto fue fuerte, pero no la desestabilizó.

  La única habilidad que utilizaba Yui en todo momento era su sensor de amenazas, una habilidad que ella misma había confirmado quería fuera su mejor arma

  Dos más la rodeaban.

  —Trabajo en grupo… —Murmuró.

  Yui cerró los ojos un instante.

  Extendió su percepción.

  Cuando el segundo lobo atacó, ella ya se había movido. Un corte horizontal abrió su costado. El tercero intentó morderla por detrás, pero Yui giró sobre su eje y hundió la espada en su garganta.

  El primero volvió a cargar.

  Esta vez no falló.

  Yui se impulsó hacia adelante y atravesó su pecho.

  El silencio volvió, roto solo por su respiración.

  Recogió pieles resistentes y nuevamente el núcleo de la bestia. Este piso daba mejores recompensas.

  —Tres pisos… —pensó—. Todavía estoy bien, aunque ellos no me dejarán tan fácil avanzar.

  Otra manada de lobos se acercaban junto a esqueletos, pero Yui de manera muy ágil acaba con ellos de forma frontal a una velocidad mayor que utilizo en el primer y segundo piso.

  El cuarto piso era más complejo.

  Peque?as estructuras de piedra, zonas elevadas, trampas improvisadas. El ambiente tenía restos de fogatas antiguas y marcas en las paredes.

  —Duendes… —dedujo Yui.

  No se equivocó.

  Los duendes del laberinto no eran fuertes individualmente, pero actuaban en grupos. Usaban hondas y dagas.

  El primer proyectil rozó su hombro.

  Yui no se detuvo.

  Corrió directo hacia la fuente del ataque. Un duende gritó antes de ser derribado. Otro intentó atacarla por la espalda, pero Yui ya estaba girando.

  El combate fue rápido, pero exigente.

  Yui usó el terreno, saltó entre rocas, bloqueó ataques múltiples. Su espada se movía como una extensión natural de su brazo. No había duda ni movimientos innecesarios.

  Cuando el último cayó, Yui se apoyó un momento contra una pared.

  Más duendes llegaron pero aun así la elfa seguía atacando de manera precisa, tanto que verdaderamente pensaba que esos primeros pisos eran muy fáciles.

  Recogió núcleos y avanzó al siguiente piso.

  El quinto piso del laberinto se abría como una gran caverna central, sostenida por columnas de roca natural que parecían haber sido talladas por el paso del tiempo más que por intención. El suelo era irregular, con placas de piedra partidas, desniveles y zonas donde la energía del laberinto se concentraba de forma visible, formando ligeros remolinos de polvo suspendido en el aire.

  El ambiente estaba vivo.

  Yui lo sintió apenas dio el primer paso.

  Aquí no había un solo tipo de enemigo. El ecosistema del laberinto convergía en ese piso, como si fuera una zona de prueba antes de avanzar más profundo. Fragmentos óseos se movían en la distancia, gru?idos resonaban entre las columnas, y sombras peque?as se desplazaban con rapidez entre las rocas.

  Yui apoyó una mano sobre el mango de su espada y exhaló con calma.

  —Mejora pero para mí es tan… —dijo en voz baja.

  If you spot this tale on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation.

  No tardaron en aparecer.

  Un grupo de esqueletos reforzados avanzó primero, portando escudos improvisados. Detrás de ellos, duendes armados con hondas tomaron posiciones elevadas. Más lejos, entre las sombras, se escuchaban los resoplidos graves de jabalíes y el desplazamiento casi imperceptible de lobos rodeando el área, Entre ellos destacaba un ogro de gran tama?o con un mazo

  Yui sonrió.

  Una sonrisa de placer por medirse ante el laberinto

  —Perfecto.

  Extendió ligeramente los dedos de la mano libre y concentró su aura.

  Esferas elementales se formaron a su alrededor, girando lentamente. No eran grandes ni descontroladas; eran compactas, densas, estables. El viento, elemento de Yui se hacía presente, domaba con autoridad el ambiente

  Los primeros proyectiles volaron.

  Las piedras lanzadas por los duendes impactaron contra un escudo de viento que se formó frente a Yui, ya no como una simple corriente, sino como una barrera definida, casi transparente, con bordes firmes. Los impactos desviaron los ataques hacia los lados, sin que ella tuviera que moverse.

  —Fácil —murmuró.

  El escudo se mantuvo mientras Yui avanzaba.

  Un esqueleto intentó cortar su paso. Yui lanzó la esfera de energía neutra con un movimiento corto de mu?eca. La esfera impactó en el pecho del enemigo y explotó en un pulso seco que desintegró huesos y escudo en fragmentos brillantes.

  Sin detenerse, Yui impulsó su cuerpo con una ráfaga de viento bajo sus pies.

  No saltó.

  Flotó.

  Su desplazamiento era casi imperceptible, como si apenas rozara el suelo. Avanzaba de columna en columna, cambiando de dirección con precisión, evitando embestidas y ataques desde ángulos ciegos.

  Un jabalí cargó desde el costado.

  Yui giró en el aire, usando el viento como eje, y lanzó la esfera concentrada que detona en la bestia

  Antes de que pudiera recuperarse, Yui descendió frente a él y hundió la espada en su cuello con un movimiento limpio.

  —Uno menos.

  Los lobos atacaron al mismo tiempo.

  Yui cerró el escudo frontal y lo reformó alrededor de su cuerpo, desviando colmillos y garras mientras giraba. Usó el viento para impulsarse hacia atrás, apenas tocando el suelo, y lanzó una nueva esfera, esta vez fragmentada en varios proyectiles peque?os.

  Las ráfagas impactaron con precisión. Uno cayó. Otro fue empujado contra una pared con suficiente fuerza para dejarlo inmóvil.

  Los duendes gritaron

  Yui los escuchó.

  —Muy lentos.

  Disolvió el escudo y concentró el viento bajo sus pies. Su figura se desplazó como una corriente, subiendo por una columna y cayendo detrás del grupo elevado. La espada trazó un arco preciso, derribando a dos antes de que pudieran reaccionar.

  El último intentó huir.

  Una ráfaga lo alcanzó por la espalda y lo lanzó al suelo.

  El ogro y la elfa estaban frente a frente, sus miradas fijadas en un solo ataque, el monstruo comenzó a correr hacia ella, pero Yui en un segundo antes de chocar fuerzas combina aura elemental en su espada atravesando no solo el mazo si no al ogro también

  El combate terminó tan rápido como había comenzado.

  Yui quedó sola en el centro de la caverna.

  Respiraba con calma.

  Su enfoque era claro, canalizaba su energía, su aura, su voluntad, no… su convicción. Yui tenía en mente mucho más, ser quien vengara a toda costa su aldea, ella creía que no debería tener fallas.

  El viento se disipó. Las esferas se apagaron. El escudo desapareció sin dejar rastro.

  Yui miró alrededor, observando el resultado.

  —Control total… —pensó—. Así se siente.

  Se agachó a recoger las recompensas: núcleos, materiales, monedas del laberinto. Todo fue guardado con orden.

  Antes de seguir, se permitió un momento más.

  Sonrió, satisfecha.

  No por la victoria sino porque el laberinto aun no era un desafío.

  El sexto piso del laberinto se abría de forma distinta.

  No era una caverna cerrada ni un pasillo opresivo. El espacio era amplio, con plataformas rocosas escalonadas, separadas por grietas profundas de donde surgía una bruma tenue. La iluminación era natural, filtrada por cristales incrustados en las paredes que emitían una luz constante y suave.

  Más adelante, Yui escuchó voces.

  Un grupo de aventureros había establecido un peque?o campamento improvisado. Mochilas apoyadas contra una roca, armas apoyadas a un costado, comida simple repartida en silencio. Eran cuatro, todos con equipo usado pero bien mantenido.

  Uno de ellos notó su presencia y levantó la mano en se?al amistosa.

  —Eh, ?todo bien? —dijo—. Si quieres descansar, hay espacio.

  Yui se acercó lo suficiente para no parecer distante, pero mantuvo su postura relajada.

  —Gracias —respondió—. Pero avanzaré

  — ?Estás sola? —preguntó otra aventurera, con un tono a sorpresa.

  Yui asintió.

  Hubo un breve intercambio de miradas entre ellos.

  —Puedes unirte a nosotros para avanzar —ofreció el primero—. Este piso tiene variantes del primero, pero evolucionadas. Nada grave si vamos juntos.

  Yui negó con una sonrisa tranquila.

  —Quiero ver de lo que soy capaz

  No hubo insistencia. Solo comprensión.

  Se sentó un poco apartada, apoyando la espalda contra una roca lisa. Dejó la espada a su lado y cerró los ojos por un momento.

  Respiró, Yui no sentía que había perdido tanta aura, aún continuaba con energías pero prefería ser cautelosa ante lo desconocido

  Abrió los ojos y observó el entorno.

  El laberinto mostraba su evolución, esqueletos armados en el sexto piso, asomaban su imponente armadura para atacar.

  El grupo de aventureros se levantó al cabo de un rato.

  —Nos movemos —avisaron—. Suerte.

  —Igualmente —respondió Yui.

  Los observó avanzar juntos, coordinados, seguros de su ritmo. Era una forma válida de sobrevivir en el laberinto.

  Pero no la suya.

  Cuando el lugar volvió a quedar en silencio, Yui se puso de pie. Ajustó el equipo, revisó el inventario, bebió un peque?o sorbo de agua…

  Avanzó con pasos firmes, atentos, confiando primero en su percepción, en su cuerpo, en su espada.

  —Del seis a nueve —se dijo—. Aprender sin excederme ni apurarme.

  Para Yui estos pisos eran una mera prueba de una aventurera en aprendizaje

  La elfa seguía en continuidad, sus habilidades eran extensiones de sus extremidades mismas, parecían volar mientras se movían, danzaba al atacar, no se defendía si no que buscaba puntos precisos donde atacar y así liquidaba entidades

  Los esqueletos aparecieron cuando Yui avanzó lo suficiente.

  No eran los mismos del primer piso. Estos portaban armaduras parciales, piezas corroídas integradas a su propia estructura ósea, y armas simples pero funcionales: espadas cortas, lanzas, escudos de metal deformado.

  Se movían con coordinación básica.

  Yui no activó aura.

  Desenvainó la espada y avanzó con pasos medidos. El primer esqueleto atacó con una estocada directa. Yui desvió el golpe con el filo, giró sobre su eje y golpeó la articulación de la cadera. El cuerpo colapsó, pero no se desarmó del todo.

  —No son tan frágiles como en el piso 1 —pensó.

  El segundo atacó por una abertura. Yui retrocedió, usó el escudo elemental y respondió con un corte limpio en el cuello. El cráneo rodó, perdiendo la conexión mágica que lo mantenía activo.

  No había apuro.

  Cada movimiento era preciso. No desperdiciaba energía ni fuerza. Cuando un grupo de tres intentó rodearla, usó el terreno: obligó a uno a avanzar por una rampa estrecha, lo empujó y lo hizo caer al nivel inferior.

  El combate terminó sin heridas.

  Yui limpió la hoja con calma. El piso había sido una prueba de técnica pura.

  El séptimo piso era más abierto.

  Formaciones rocosas bajas, vegetación resistente y huellas profundas marcaban el territorio. El olor era fuerte. Tierra removida, sangre seca.

  Los jabalíes aparecieron en pareja.

  Eran considerablemente más grandes que los del segundo piso. Sus colmillos estaban endurecidos, cubiertos por capas minerales, y su piel mostraba placas naturales que amortiguaban los golpes.

  Yui observó primero.

  Cuando uno embistió, no intentó detenerlo. Se desplazó lateralmente, usando el impulso del animal para dirigirlo contra una roca. El impacto fue violento, pero el jabalí se recuperó rápido.

  El segundo atacó desde atrás.

  Yui saltó, apoyó el pie en el lomo del primero y giró en el aire. Aterrizó detrás del segundo y cortó el tendón de una de sus patas. El animal cayó, gritando.

  El primero volvió a cargar.

  Esta vez, Yui utilizó una mínima descarga de aura en la espada. No un elemento definido. Solo refuerzo.

  El corte fue suficiente para atravesar la placa natural.

  El piso no exigía aura, pero sí lectura del ritmo enemigo. Cuando el último jabalí cayó, Yui respiró hondo y continuó.

  El octavo piso era silencioso.

  Demasiado.

  El terreno era irregular, con rocas altas y corredores naturales. Yui sintió la presencia antes de verlos. Lobos. Pero no comunes.

  Los primeros aparecieron desde las sombras: lobos de dos cabezas, cuerpos grandes, musculatura tensa. Cada cabeza se movía de forma independiente, cubriendo ángulos distintos.

  Yui recordó esos lobos que la persiguieron cuando escapó de Eldoria, recuerdo que le sirvió como motivación

  Atacaron en manada.

  Yui retrocedió y activó esferas de aura de viento, peque?as y controladas. No las lanzó de inmediato. Las mantuvo orbitando.

  Cuando el primer lobo saltó, una esfera impactó en su costado, desviándolo. El segundo llegó casi al mismo tiempo. Yui usó el viento bajo sus pies para impulsarse hacia atrás, sin tocar completamente el suelo.

  El combate se volvió dinámico.

  Las esferas no eran ataques finales, sino herramientas de control. Separaba a la manada, forzaba errores, abría espacios. Cuando uno quedó aislado, lo remató con un golpe limpio al cuello.

  El último lobo intentó retirarse mientras lobos normales atacaban de forma sencilla

  Las esferas de aura elemental son direccionadas a cada lobo menor que se aproximaba acabando con ellos al momento.

  —Comenzaré a pulir esta habilidad…—Yui es envuelta con su aura color esmeralda oscura y desaparece luego de un peque?o salto en el lugar reapareciendo frente al lobo y de la misma manera que venció a Raik en su entrenamiento finaliza al lobo con una gran cantidad de aura.

  El noveno piso mostraba se?ales claras de ocupación.

  Trampas simples, estructuras de madera, puntos elevados. Los duendes observaban antes de atacar. No cargaban sin motivo.

  Yui avanzó con cautela.

  Los primeros ataques fueron coordinados. Duendes normales presionaban desde el frente, mientras proyectiles mágicos caían desde atrás.

  —Parecieran más inteligentes al atacar —dedujo.

  Activó aura elemental de viento de forma más abierta. Dos escudos bloquearon proyectiles y desviaron ataques. No buscaba eliminar a todos de inmediato, sino detectar.

  Cada paso era una expansión a su visión.

  Finalmente lo vio: un duende mago, protegido por dos guardias, canalizando hechizos de refuerzo y control.

  Yui concentró aura.

  Formó una esfera mayor, estable, densa. No la lanzó al instante. Esperó el momento en que el mago terminó un canto.

  La esfera salió disparada.

  El impacto fue directo. La defensa mágica colapsó y el duende cayó sin posibilidad de reacción. Los demás perdieron coordinación. El combate terminó poco después.

  Entre las recompensas, Yui encontró un libro de hechizo. No lo abrió allí.

  Lo guardó en el inventario y continuó.

Recommended Popular Novels